Presentados por Carlos Silva en su libro "El Cuarto Movimiento - Mi vida con Krishnamurti", son la esencia misma de la autoindagación.
No son, como su nombre lo indica, cuatro movimientos o acciones que halla que realizar, sino, por el contrario, la negación de los cuatro movimientos equivocados de la mente.
Usted no es distinto o ajeno o separado del fluir de la Vida, de la totalidad.
Usted no es distinto del movimiento unitario de la Vida.
Por lo tanto no hay nada, ningún movimiento que hacer para "volver" a ser uno con ella.
No hay ni un lugar al cual regresar ni un "alguien" separado que regrese a fundirse.
Sin indentificarnos con una historia que nos haga sentirnos como si estuviéramos separados de la vida, nos damos cuenta de que siempre hemos estado en casa.
Y esa identificación con una historia es el resultado de cuatro movimientos equivocados que hace la mente; movimientos que si pueden aplicar externamente, pero que no lo hacen en relación a lo interno.
Cuáles son éstos cuatro movimientos equivocados?
1-Desobedecer a la sensibilidad-percepción-inteligencia.
2-Asumir una "necesidad" interior como requisito previo para poder "llegar a sentirme en comunión", volver a "tener" mi Ser, volver a SER.
3-Nombrar, mirar desde una idea, etiqueta o historia sobre lo que es.
4-Escapar hacia una "dualidad" mental inexistente, una fantasía que contraponemos a la realidad dándole mentalmente el mismo valor que a lo que es.
Se comienza por uno y se activan todos en mayor o menor grado.
Con esto cuatro movimientos aplicados a lo interno la mente crea una ilusión en la cual se ve presa.
Prisión que es en realidad, inexistente, carente de realidad, pero que no lo parece hasta que no indagamos en la historia que la mente ha tejido.
Cuáles son, por tanto, los cuatro no-movimientos de la mente?
Citando a Carlos Silva, son: " ¿Puedo yo obedecer? Detenerme. No nombrar. No escapar."
"¿Puedo yo obedecer?"; pues la sensibilidad que es inteligencia, inherente a la percepción me "dice" en cada momento lo que es asunto mío, me reclama a eso, a responder a esa realiad.
Dejar de ocuparme de lo que es asunto mío, de aquello que reclama mi responsabilidad, mi respuesta a la realidad, para pre-ocuparme de lo que no es asunto mío, de lo que no depende de mi ni reclama por tanto ninguna respuesta por parte mía, es desobedecer a esa sensibilidad-inteligencia que es el orígen de toda y cualquier acción correcta.
Es dejar de hacer como se siente para tratar de hacer como no se siente; y su único resultado es la inevitable sensación de desconección, tensión, agotamiento y frustración que este "desconectarse" de la propia sensibilidad-conciencia-inteligencia conlleva.
Es "dejar de hacer lo que hay que hacer y de decir lo que hay que decir para hacer lo que no hay que hacer y decir lo que no hay que decir cuando no hay que decirlo".
"Detenerme"; dejar de asumir por asumir, que necesito que tal o cual cosa sea así o asá para yo poder sentirme..., cuestionar, indagar en la realidad o falta de realidad de dicha premisa; dejar de buscar para "llegar a ser", para "volver a ser".
"No nombrar"; no mirar desde la etiqueta, desde la idea de como algo es o debería ser, sentir, que es sentirse frente y en la realidad sin un "yo" sintiendo, sin una "guía interior" o autoridad interna que dicte sobre mi sensibilidad desnuda.
"No escapar"; a "otra realidad", al mundo de como algo fue o debería ser o volver a ser. Pues cuando la mente no se da cuenta que no existe tal "dualidad" entre lo que es y lo que "debería", asume a ambas como "realidades" con el consiguiente sentido interior de fragmentación, conflicto y confusión, y se lanza a la "búsqueda" de lo que "debería" ser, luchando con la vida por conseguir concretar dicha "necesidad" interior para poder volver a sentirse así en paz.
"¿Puedo yo obedecer? Detenerme. No nombrar. No escapar."
La cancelación de los movimientos equivocados de la mente es lo único que se requiere para dejar de sentirmos "separados" de la realidad.
No algo que hacer, sino que dejar de hacer.
No para "volver" sino para darse cuenta que nunca hemos partido.
Simplemente es cuestión de indagar, cuando la sensibilidad a través de la tensión o malestar interior así lo reclamen.
Indagar sobre la realidad o falta de realidad de esa historia mental que dice que la vida y uno son dos cosas distintas.
Es todo lo necesario para que la bruma si disipe por la acción espontánea de la verdad-sensibilidad iluminando la realidad.
Después de "terminada" la "separación", después no hay más después...
Ni memoria psicológica, ni "yo-separado", ni nada que hacer...
Hay sólo lo que siempre hubo, la Vida siendo usted...
Richard Mesones.
Los Cuatro No-Movimientos de la Mente - 2 - La pregunta sin respuesta.
Hay infinitas formas de indagar, de autoindagación.
Hay preguntas y más preguntas que señalan a algo, algo que ver, que darse cuenta.
Preguntas que ayudan a ver el absurdo asumido por la mente como si fuera lógico.
Preguntas que ayudan a ver lo equivocado del rumbo que había tomado la atención.
Preguntas cuya respuesta es tan sólo la insinuación del sentir del momento y que por tanto como respuesta tienen la validez que la duración del momento les otorga.
Y preguntas que no tienen respuesta verbal, que señalan más allá de las palabras, o más acá, según se lo vea.
Una pregunta sin respuesta verbal es la sentencia de muerte del pensamiento conceptual respecto de eso sobre lo que se pregunta.
Obedecer, en el sentido de sumisión o sujección de todas nuestras fuerzas vitales al indicativo de nuestra sensibilidad-inteligencia-percepción, estar dispuesto a obedecer, a escucharse, es todo lo que es necesario para que lo demás se de.
Qué demás?
Detenerse. No nombrar. No escapar.
Detenerse; de tener ser...
Al detenerse, al dejar de ir en busca del ser, se descubre sin buscarlo, que se Es.
Que uno es el Ser, que uno es Eso que Es; que "el Ser" es Uno Mismo también!
Detenerse permite a Ser darse cuenta de ser el Ser!, el SER que se da cuenta de Si-Mismo.
Nunca hubo en la realidad ninguna "búsqueda del Ser"; lo que hubo fue el Ser, ignorante de Si-mismo, buscando, buscándose...
No nombrar... Sobran las palabras...
No escapar, no moverse interiormente, no hacer nada ni disimular ni tratar de ni nada. Permanecer en ello, "con" ello, como ello...
Las preguntas sin respuesta ayudan a detener la mente.
Al preguntarse y no reponderse verbalmente, la atención desprendida del lastre de las palabras y conceptos navega hacia la fuente, hacia el orígen de la pregunta.
La atención sin la distorsión de las palabras siente, ve, se da cuenta.
"¿Puedo yo obedecer". Detenerme. No nombrar. No escapar.
Una pregunta sin respuesta que trato de responder es un acto de desobediencia a la inteligencia.
Es tratar de "ser listo".
Es ser estúpido.
Qué hay al final de una pregunta sin respuesta?
Lo mismo que había antes de esta.
Qué se gana con la misma?
Nada.
Qué se pierde con la misma?
La ignorancia; la ignorancia de lo que verdaderamente se es, del que pregunta.
Con el ver, el darse cuenta, el ignorante desaparece; lo real es lo que queda.
Pregunta sin respuesta: ¿Desde dónde se está mirando?
Independientemente del paisaje frente al cual nos pudiésemos encontrar en el momento que fuese de nuestra vida, independientemente de frente a quien o con quien, o de en qué condiciones...
¿Desde dónde se está mirando?
¿DESDE DÓNDE SE ESTÁ MIRANDO?
Descubra eso, y toda su búsqueda habrá terminado.
Richard Mesones.
Hay preguntas y más preguntas que señalan a algo, algo que ver, que darse cuenta.
Preguntas que ayudan a ver el absurdo asumido por la mente como si fuera lógico.
Preguntas que ayudan a ver lo equivocado del rumbo que había tomado la atención.
Preguntas cuya respuesta es tan sólo la insinuación del sentir del momento y que por tanto como respuesta tienen la validez que la duración del momento les otorga.
Y preguntas que no tienen respuesta verbal, que señalan más allá de las palabras, o más acá, según se lo vea.
Una pregunta sin respuesta verbal es la sentencia de muerte del pensamiento conceptual respecto de eso sobre lo que se pregunta.
Obedecer, en el sentido de sumisión o sujección de todas nuestras fuerzas vitales al indicativo de nuestra sensibilidad-inteligencia-percepción, estar dispuesto a obedecer, a escucharse, es todo lo que es necesario para que lo demás se de.
Qué demás?
Detenerse. No nombrar. No escapar.
Detenerse; de tener ser...
Al detenerse, al dejar de ir en busca del ser, se descubre sin buscarlo, que se Es.
Que uno es el Ser, que uno es Eso que Es; que "el Ser" es Uno Mismo también!
Detenerse permite a Ser darse cuenta de ser el Ser!, el SER que se da cuenta de Si-Mismo.
Nunca hubo en la realidad ninguna "búsqueda del Ser"; lo que hubo fue el Ser, ignorante de Si-mismo, buscando, buscándose...
No nombrar... Sobran las palabras...
No escapar, no moverse interiormente, no hacer nada ni disimular ni tratar de ni nada. Permanecer en ello, "con" ello, como ello...
Las preguntas sin respuesta ayudan a detener la mente.
Al preguntarse y no reponderse verbalmente, la atención desprendida del lastre de las palabras y conceptos navega hacia la fuente, hacia el orígen de la pregunta.
La atención sin la distorsión de las palabras siente, ve, se da cuenta.
"¿Puedo yo obedecer". Detenerme. No nombrar. No escapar.
Una pregunta sin respuesta que trato de responder es un acto de desobediencia a la inteligencia.
Es tratar de "ser listo".
Es ser estúpido.
Qué hay al final de una pregunta sin respuesta?
Lo mismo que había antes de esta.
Qué se gana con la misma?
Nada.
Qué se pierde con la misma?
La ignorancia; la ignorancia de lo que verdaderamente se es, del que pregunta.
Con el ver, el darse cuenta, el ignorante desaparece; lo real es lo que queda.
Pregunta sin respuesta: ¿Desde dónde se está mirando?
Independientemente del paisaje frente al cual nos pudiésemos encontrar en el momento que fuese de nuestra vida, independientemente de frente a quien o con quien, o de en qué condiciones...
¿Desde dónde se está mirando?
¿DESDE DÓNDE SE ESTÁ MIRANDO?
Descubra eso, y toda su búsqueda habrá terminado.
Richard Mesones.
¡Algo extraordinario!
Nuestra búsqueda de lo extra-ordinario es la versión afirmativa de nuestra resistencia a la vida tal cual es.
Disfrazado de deseo y aspiración, es en realidad, odio.
Es la marca distintiva de la humanidad, su constante rechazo de la existencia y su tan demencial como absurda pretensión de modificar el existir mediante la prepotencia de la imposición.
"La vida no puede ser sólo esto, tiene que ser algo más".
Suena muy bien, casi como un imperativo incuestionable si no se quiere ser etiquetado de conformista, resignado, etc.
Su consecuencia más evidente, esa casi constante sensación de alienación con que el 99,99% de la humanidad transcurre su tiempo vital.
Ese no saber, no entender ni tener siquiera idea de por qué, cómo, para qué ni con que fin se está acá.
El ser humano es un animal que siempre quiere estar en otro lado, nunca en donde está.
Un ser que quiere siempre ser "otro" ser, no este ser que está acá ahora.
Quiere ser "algo más".
Y para eso siempre tiene que estar haciendo "algo más".
Es nuestra búsqueda de "lo extraordinario", en cualquiera de sus formas: llegar a ser así o asá, "mejor" que los demás.
Por eso idolatramos a los egos que destacan de la corriente, y aún cuando condenamos a muchos por destacar, lo hacemos sólo cuando destacan en un sentido contrario a nuestras ideas de cómo debería destacar.
Buscamos lo extraordinario como un antídoto, aunque más no sea temporal, que nos saque de este aburrimiento mortal en que transcurrimos nuestro existir sin sentido.
Vamos trás el hombre o la mujer que dicen haber dado con, haber logrado, con la esperanza de que "algo nos suceda" en su presencia.
"Es un ser extraordinario!", y en dicha oración va implícita nuestra esperanza moribunda de que por el milagro de sentarme "a sus pies", algo de lo de él o ella se me pegue a mi, para así ser "extraordinario" yo también.
El hombre simple no hace ruido.
Es como la vida es; simple, indefinible, natural, desconocido, inclasificable.
Para él la vida no tiene etiquetas; no es ni "material" ni "espiritual", ni "secular" ni "esotérica", ni "profana" ni "sagrada", ni "maldicíón" ni "bendición".
Ninguna etiqueta puede rozar siquiera la esencia de la vida.
Su naturaleza es que es indescriptible, siempre.
Así, quien es uno con la vida no tiene una "meta" para "llegar a ser"; no tiene ningún propósito, como la vida.
La vida no tiene propósito, ella es su propio propósito.
Y la vida, Eso, es esto.
Nada extraordinario.
Nada que ver con ese "algo" con el cual se nos va la primavera persiguiéndolo.
Como un hamster en su rueda, sin llegar a ningún lado, sin moverse del lugar, hasta morirse agotado...
Extraordinario va a ser el día que dejemos de buscar y perseguir lo extraordinario.
Ese día dejaremos de sentirnos "aislados" de la esencia de la vida, del "secreto" de la vida.
Sin nada más que hacer salvo vivir, ¡vivir!
¡Sin más propósito que vivir!
Sin desiciones acertadas o equivocadas que tomar para tratar de llegar a ningún lado.
Sin nada más trás lo que correr, nunca más...
Sólo detenerse, y contemplar... el inigualable espectáculo que se despliega frente a nosotros pura y exclusivamente para nuestro entero regocijo.
Sin nada que modificarle, nada en que "mejorarlo".
Lo desconocido, disfrazado de finito, danzando entre las dos orillas abismales del misterio, por un rato.
Por el rato que dure la función...
Ese día no me habré convertido en "alguien extaordinario" yo también.
No.
Ese día habré accedido al secreto simple y desnudo de la vida, a saber: que "yo" (el buscador de lo extraordinario) no soy.
Que sólo la vida es.
Y como espectáculo, como presente, nada es más grande que este privilegio de contemplar la danza sin motivo de lo infinito..., lo infinito disfrazado de finitud, por un rato...
Nada es tan extraordinario...
Richard Mesones.
Disfrazado de deseo y aspiración, es en realidad, odio.
Es la marca distintiva de la humanidad, su constante rechazo de la existencia y su tan demencial como absurda pretensión de modificar el existir mediante la prepotencia de la imposición.
"La vida no puede ser sólo esto, tiene que ser algo más".
Suena muy bien, casi como un imperativo incuestionable si no se quiere ser etiquetado de conformista, resignado, etc.
Su consecuencia más evidente, esa casi constante sensación de alienación con que el 99,99% de la humanidad transcurre su tiempo vital.
Ese no saber, no entender ni tener siquiera idea de por qué, cómo, para qué ni con que fin se está acá.
El ser humano es un animal que siempre quiere estar en otro lado, nunca en donde está.
Un ser que quiere siempre ser "otro" ser, no este ser que está acá ahora.
Quiere ser "algo más".
Y para eso siempre tiene que estar haciendo "algo más".
Es nuestra búsqueda de "lo extraordinario", en cualquiera de sus formas: llegar a ser así o asá, "mejor" que los demás.
Por eso idolatramos a los egos que destacan de la corriente, y aún cuando condenamos a muchos por destacar, lo hacemos sólo cuando destacan en un sentido contrario a nuestras ideas de cómo debería destacar.
Buscamos lo extraordinario como un antídoto, aunque más no sea temporal, que nos saque de este aburrimiento mortal en que transcurrimos nuestro existir sin sentido.
Vamos trás el hombre o la mujer que dicen haber dado con, haber logrado, con la esperanza de que "algo nos suceda" en su presencia.
"Es un ser extraordinario!", y en dicha oración va implícita nuestra esperanza moribunda de que por el milagro de sentarme "a sus pies", algo de lo de él o ella se me pegue a mi, para así ser "extraordinario" yo también.
El hombre simple no hace ruido.
Es como la vida es; simple, indefinible, natural, desconocido, inclasificable.
Para él la vida no tiene etiquetas; no es ni "material" ni "espiritual", ni "secular" ni "esotérica", ni "profana" ni "sagrada", ni "maldicíón" ni "bendición".
Ninguna etiqueta puede rozar siquiera la esencia de la vida.
Su naturaleza es que es indescriptible, siempre.
Así, quien es uno con la vida no tiene una "meta" para "llegar a ser"; no tiene ningún propósito, como la vida.
La vida no tiene propósito, ella es su propio propósito.
Y la vida, Eso, es esto.
Nada extraordinario.
Nada que ver con ese "algo" con el cual se nos va la primavera persiguiéndolo.
Como un hamster en su rueda, sin llegar a ningún lado, sin moverse del lugar, hasta morirse agotado...
Extraordinario va a ser el día que dejemos de buscar y perseguir lo extraordinario.
Ese día dejaremos de sentirnos "aislados" de la esencia de la vida, del "secreto" de la vida.
Sin nada más que hacer salvo vivir, ¡vivir!
¡Sin más propósito que vivir!
Sin desiciones acertadas o equivocadas que tomar para tratar de llegar a ningún lado.
Sin nada más trás lo que correr, nunca más...
Sólo detenerse, y contemplar... el inigualable espectáculo que se despliega frente a nosotros pura y exclusivamente para nuestro entero regocijo.
Sin nada que modificarle, nada en que "mejorarlo".
Lo desconocido, disfrazado de finito, danzando entre las dos orillas abismales del misterio, por un rato.
Por el rato que dure la función...
Ese día no me habré convertido en "alguien extaordinario" yo también.
No.
Ese día habré accedido al secreto simple y desnudo de la vida, a saber: que "yo" (el buscador de lo extraordinario) no soy.
Que sólo la vida es.
Y como espectáculo, como presente, nada es más grande que este privilegio de contemplar la danza sin motivo de lo infinito..., lo infinito disfrazado de finitud, por un rato...
Nada es tan extraordinario...
Richard Mesones.
Liberación Interior a través de la Autoindagación (L.I.A.)
Postulados:
1- Lo que todo ser humano busca en el fondo de su corazón es poder sentirse y vivir en Comunión con la VIDA.
2- La Vida en Comunión es usted sin identificarse con, aferrarse mentalmente a, creer en, o asumir como verdadera una “historia” que lo hace sentirse “separado” de la VIDA.
3- La tensión, el malestar, la sensación de incomodidad interior, de aburrimiento, de carencia o de sufrimiento psicológico en cualquiera de sus formas son indicadores de que nos hemos identificados con una “historia mental” que nos hace sentirnos como si estuviéramos “separados” del fluir de la VIDA. Todo sufrimiento, malestar o incomodidad interior es por tanto una alarma, un llamado de atención.
4- Sucede para que indaguemos en nuestra historia de “separación” y podamos descubrir la falsedad de la misma, dejando de sentirnos así prisioneros de ese sentido de separación, carencia, sufrimiento y conflicto, y podamos entonces fluir en Comunión con la VIDA.
Puede usted indagar…, o seguir con su historia mental y el sufrimiento y malestar que esta le causa; de usted depende.
Tener razón o sentirse bien, ¿qué elige usted?
Si su respuesta es esto último, bienvenido entonces a la autoindagación.
1- Lo que todo ser humano busca en el fondo de su corazón es poder sentirse y vivir en Comunión con la VIDA.
2- La Vida en Comunión es usted sin identificarse con, aferrarse mentalmente a, creer en, o asumir como verdadera una “historia” que lo hace sentirse “separado” de la VIDA.
3- La tensión, el malestar, la sensación de incomodidad interior, de aburrimiento, de carencia o de sufrimiento psicológico en cualquiera de sus formas son indicadores de que nos hemos identificados con una “historia mental” que nos hace sentirnos como si estuviéramos “separados” del fluir de la VIDA. Todo sufrimiento, malestar o incomodidad interior es por tanto una alarma, un llamado de atención.
4- Sucede para que indaguemos en nuestra historia de “separación” y podamos descubrir la falsedad de la misma, dejando de sentirnos así prisioneros de ese sentido de separación, carencia, sufrimiento y conflicto, y podamos entonces fluir en Comunión con la VIDA.
Puede usted indagar…, o seguir con su historia mental y el sufrimiento y malestar que esta le causa; de usted depende.
Tener razón o sentirse bien, ¿qué elige usted?
Si su respuesta es esto último, bienvenido entonces a la autoindagación.
Cambiar es darse cuenta.-
Exteriormente, cambiar es hacer algo para que algo cambie de estado.
Interiormente, cambiar es no-hacer algo para ver-darse cuenta de como algo realmente es.
"Ver" interiormente, no es visual, es darse cuenta!
Darse cuenta que algo que asumía de un modo no lo es.
Darse cuenta que lo que asumía o creía bueno, conveniente, neceseario, etc, no lo es.
Entonces el cambio ya ha ocurrido.
No hay nada más que "hacer".
Si alguien dice que "vió" y luego pregunta que hacer con lo visto, entonces es que no vió nada.
Darse cuenta corta instantáneamente con la identificación-asunción-creencia de lo visto.
Entonces lo visto no es más "yo", "mi verdad", "la verdad", etc.
Lo que queda es lo que verdaderamente se es, sin definición.
Eso que soy; eso silencioso y calmo, sensible..., sin dirección...
Libre de toda identificación, lo que queda es lo desconocido, la integridad inviolable de lo absoluto-siempre-siendo, único y nuevo, inimitable, irrepetible incluso para si mismo, siempre fresco...
La Vida siendo a través de esto llamado yo, tú, él, nosotros...
Cambiar no es "tratar de cambiar" o "hacer algo distinto".
Cambiar no es voluntario, no es concentrarse y "tratar de pensar positivo".
Cambiar es darse cuenta.-
Richard Mesones
Interiormente, cambiar es no-hacer algo para ver-darse cuenta de como algo realmente es.
"Ver" interiormente, no es visual, es darse cuenta!
Darse cuenta que algo que asumía de un modo no lo es.
Darse cuenta que lo que asumía o creía bueno, conveniente, neceseario, etc, no lo es.
Entonces el cambio ya ha ocurrido.
No hay nada más que "hacer".
Si alguien dice que "vió" y luego pregunta que hacer con lo visto, entonces es que no vió nada.
Darse cuenta corta instantáneamente con la identificación-asunción-creencia de lo visto.
Entonces lo visto no es más "yo", "mi verdad", "la verdad", etc.
Lo que queda es lo que verdaderamente se es, sin definición.
Eso que soy; eso silencioso y calmo, sensible..., sin dirección...
Libre de toda identificación, lo que queda es lo desconocido, la integridad inviolable de lo absoluto-siempre-siendo, único y nuevo, inimitable, irrepetible incluso para si mismo, siempre fresco...
La Vida siendo a través de esto llamado yo, tú, él, nosotros...
Cambiar no es "tratar de cambiar" o "hacer algo distinto".
Cambiar no es voluntario, no es concentrarse y "tratar de pensar positivo".
Cambiar es darse cuenta.-
Richard Mesones
Silencio Interior -
Silencio no es ausencia de pensamientos, es más bién ausencia de "yo", de identificación con el pensamiento.
No es ausencia de condicionamientos, sino del "controlador ignorante" que los usa para construir y sostener una identidad psicológica separada del fluir interior y exterior.
No es ausencia de memoria sino la destitución de la memoria como autoridad interior respecto de quien soy y como debo sentirme o conducirme; es la muerte de la llamada "memoria psicológica", no de la memoria factual.
No es un estado de "dejar el pensamiento en blanco", lo cual no es más que un efecto del uso de técnicas que sólo sirven para acallar con imposición y de forma momentánea el diálogo interno, sino un no-estado que no puede ser tocado ni ha sido jamás tocado por el pensamiento.
No es "el vacío del pensamiento", sino aquello, eso sin cualidad, ante cuya presencia se suceden tanto la presencia de pensamientos como su ausencia.
Silencio interior no es un "estado de ser", sino el ser indefinible y sin cualidad en el cual todos los estados surgen, se manifiestan, transcurren y se disuelven, sin dejar rastros ni huellas en el campo silencioso del cual surgieron.
El silencio interno es otro nombre para eso que no puede ser nombrado; para usted.
Cuando no hay más identificación con el movimiento del pensar, este queda como el motor de un auto en marcha cuando se pisa el embrague.
Entonces el pensamiento sucede en uno, o no sucede en uno, según el día, el ritmo de la energía vital, etc.
Pero nunca le sucede a-uno.
Eso es silencio interior.
Eso, no esto, ni el entendimiento de esto; sino su viviencia más allá de esta y cualquier descripción o definición...
Richard Mesones
No es ausencia de condicionamientos, sino del "controlador ignorante" que los usa para construir y sostener una identidad psicológica separada del fluir interior y exterior.
No es ausencia de memoria sino la destitución de la memoria como autoridad interior respecto de quien soy y como debo sentirme o conducirme; es la muerte de la llamada "memoria psicológica", no de la memoria factual.
No es un estado de "dejar el pensamiento en blanco", lo cual no es más que un efecto del uso de técnicas que sólo sirven para acallar con imposición y de forma momentánea el diálogo interno, sino un no-estado que no puede ser tocado ni ha sido jamás tocado por el pensamiento.
No es "el vacío del pensamiento", sino aquello, eso sin cualidad, ante cuya presencia se suceden tanto la presencia de pensamientos como su ausencia.
Silencio interior no es un "estado de ser", sino el ser indefinible y sin cualidad en el cual todos los estados surgen, se manifiestan, transcurren y se disuelven, sin dejar rastros ni huellas en el campo silencioso del cual surgieron.
El silencio interno es otro nombre para eso que no puede ser nombrado; para usted.
Cuando no hay más identificación con el movimiento del pensar, este queda como el motor de un auto en marcha cuando se pisa el embrague.
Entonces el pensamiento sucede en uno, o no sucede en uno, según el día, el ritmo de la energía vital, etc.
Pero nunca le sucede a-uno.
Eso es silencio interior.
Eso, no esto, ni el entendimiento de esto; sino su viviencia más allá de esta y cualquier descripción o definición...
Richard Mesones
¿Dónde hay un "yo" en todo esto?
Toda la psicología occidental de la rama que sea se basa en sanear, asistir, ayudar a realizar o por lo menos a "adecuarse" al supuesto protagonista de la "historia personal"; el "yo".
Esto es así y ha sido así, sin que haya existido en general ni el menor intento de cuestionamiento de la cualidad de realidad o ilusión del aludido sujeto.
Pero, ¿qué es el "yo"?
¿Es uno mismo, como todos solemos asumir?
¿O es algo que se crea en-uno en algún momento de nuestro desarrollo psíquico?
¿Existe por sí mismo o es pensamiento-dependiente?
¿Es una entidad concreta o tan sólo un manojo de puntos de vista a los que me he apegado?
¿Un hábito mental al que le he adjudicado la mayor parte de mi energía emocional?
¿Un ídolo mental al que he investido con la impronta de mi identidad?
¿Cómo nace el "yo", la entidad separada, carente, aislada del fluir de la totalidad de la vida?
El "yo" es la encarnación de la resistencia a ser uno con y en la vida siendo en ella lo que verdaderamente somos.
Me explico:
El cuerpo-mente nace y en él se perfila una sensibilidad que es la manifestación particular y única de la Vida una.
Lo que realmente nos distiguirá por el resto de nuestra existencia, nuestra forma única de sentir, o lo que es lo mismo, una forma única de la vida manifestarse a través nuestro.
Nadie ha sido antes ni será jamás como cada uno es.
Es por esto que no sólo no puedo servir de modelo para otros sino que realmente no hay ningún modelo interno válido para seguir o imitar.
Cada flor es única.
Inmerso en el fluir de la existencia, en el movimiento unitario de la vida, en comunidad con todo lo que es tal cual es en cada momento, no hay nadie que se sienta "separado" de la vida.
Hasta que alguien, en general la mamá o el papá, le dicen al niño que No, que él no puede sentir así, que el no es así, que si es así mamá y papá no lo quieren más, que debe ser asá.
Al principio el niño resiste, pero finalmente es convencido por la educación pavloviana de sus amorosos papás que, viendo la posibilidad de que "su hijo" pueda desarrollar una identidad propia al margen de las espectativas de sus padres, se encargan a base de alternancia entre recompensas y castigos de hacerle entender que algo malo le sucederá si él es él, la manifestación espontánea de la infinitud de la vida, y que su única "opción" es amoldarse y tratar de "llegar a ser"; así obtendrá una sensación de control y aceptación que le harán sentir seguro, lo cual es imprescindible como imperativo biológico para garantizarle una sana continuidad como organismo material.
El precio: la claudicación de nuestra originalidad.
Entonces me hallo dividido, escindido, fragmentado.
Bajo la amenaza del castigo y la exclusión, y el soborno de la recompensa de aceptación, que es una perversión del deseo y el temor, y de nuestra capacidad para vivir sana e inteligentemente el placer y el dolor, con el hacha del "mío" y "no-mío" soy trozado, sanjado al medio entre "yo" y "no-yo".
Ya no soy un todo siendo uno con el Todo.
Ya la vida y yo no somos uno y lo mismo.
Somos "yo" y la vida, lo otro, lo que no soy "yo".
¿Qué es el "yo"?
El yo es la identificación de la conciencia original y sensible que emerge en el cuerpo-mente con la idea de que la vida, ya sea en mi o en los demás "debería" ser distinta de como es.
Identificación; "aquello con lo que se es idéntico".
Así identificado con esa idea, encorsetada en ella mi sensibilidad natural, siento indefectiblemente que la vida y "yo" no somos uno, no somos lo mismo.
El "yo" es pues, resistencia interior a lo que es.
Resistencia aprendida, sufrida, impuesta, importada y finalmente adoptada como el propio punto de vista de uno, como sustituto de mi sensibilidad única, de lo que esencialmente soy como ser irrepetible e insustituíble con mi forma única de sentir y ser.
El nacimiento del eterno condenado marca el final -aparente- de la dicha, el amor inocente y la compasión.
Es, por último, un manojo de instrucciones de "cómo debería sentir y ser" para entonces poder "llegar a ser" y así lograr ser aprobado, aceptado e incluído.
Es la expresión psicológica de la creencia o asunción de que necesito de la aceptación y el reconocimiento de los demás para poder ser lo que soy.
Sin la creencia en una tal necesidad interior toda barrera interna desaparece pues desaparece el "sensor", el controlador, la "autoridad o dictador interior", y junto con él desaparece también toda resistencia a la vida en su libre manifestación.
Se es entonces lo que se es, como sea que uno sea, en espontaneo relacionamiento con todo lo que es, sin tratar de entender ni cifrar ni encajonar en un rótulo profesional el insobornable misterio de ser.
Y junto con dicha resistencia la cuasi-eterna senación de aislamiento de la totalidad, de carencia, de temor y amenaza, de separación, conflicto, sufrimiento y confusión.
En su lugar, lo desconocido y nuevo, lo siempre-fresco e indefinible; la vida y su misterio, con su cualidad innominable, manifestándose única en cada ser, floreciendo en el misterio de su propia danza imprevisible, eterna e insobornable, desojando los pétalos vitales de su apariencia particular, dejando a su paso una estela de perfume y de luz, tan efímera como irrepetible en su marcha -aparente- por el tiempo.
En esta danza, en este silencio sin bordes ni cualidades ni límites ni centro, ¿dónde hay un "yo" en todo esto?
Hasta aquí la biografía; a partir de aquí, lo desconocido, el no-saber, el misterio...
Richard Mesones.
Esto es así y ha sido así, sin que haya existido en general ni el menor intento de cuestionamiento de la cualidad de realidad o ilusión del aludido sujeto.
Pero, ¿qué es el "yo"?
¿Es uno mismo, como todos solemos asumir?
¿O es algo que se crea en-uno en algún momento de nuestro desarrollo psíquico?
¿Existe por sí mismo o es pensamiento-dependiente?
¿Es una entidad concreta o tan sólo un manojo de puntos de vista a los que me he apegado?
¿Un hábito mental al que le he adjudicado la mayor parte de mi energía emocional?
¿Un ídolo mental al que he investido con la impronta de mi identidad?
¿Cómo nace el "yo", la entidad separada, carente, aislada del fluir de la totalidad de la vida?
El "yo" es la encarnación de la resistencia a ser uno con y en la vida siendo en ella lo que verdaderamente somos.
Me explico:
El cuerpo-mente nace y en él se perfila una sensibilidad que es la manifestación particular y única de la Vida una.
Lo que realmente nos distiguirá por el resto de nuestra existencia, nuestra forma única de sentir, o lo que es lo mismo, una forma única de la vida manifestarse a través nuestro.
Nadie ha sido antes ni será jamás como cada uno es.
Es por esto que no sólo no puedo servir de modelo para otros sino que realmente no hay ningún modelo interno válido para seguir o imitar.
Cada flor es única.
Inmerso en el fluir de la existencia, en el movimiento unitario de la vida, en comunidad con todo lo que es tal cual es en cada momento, no hay nadie que se sienta "separado" de la vida.
Hasta que alguien, en general la mamá o el papá, le dicen al niño que No, que él no puede sentir así, que el no es así, que si es así mamá y papá no lo quieren más, que debe ser asá.
Al principio el niño resiste, pero finalmente es convencido por la educación pavloviana de sus amorosos papás que, viendo la posibilidad de que "su hijo" pueda desarrollar una identidad propia al margen de las espectativas de sus padres, se encargan a base de alternancia entre recompensas y castigos de hacerle entender que algo malo le sucederá si él es él, la manifestación espontánea de la infinitud de la vida, y que su única "opción" es amoldarse y tratar de "llegar a ser"; así obtendrá una sensación de control y aceptación que le harán sentir seguro, lo cual es imprescindible como imperativo biológico para garantizarle una sana continuidad como organismo material.
El precio: la claudicación de nuestra originalidad.
Entonces me hallo dividido, escindido, fragmentado.
Bajo la amenaza del castigo y la exclusión, y el soborno de la recompensa de aceptación, que es una perversión del deseo y el temor, y de nuestra capacidad para vivir sana e inteligentemente el placer y el dolor, con el hacha del "mío" y "no-mío" soy trozado, sanjado al medio entre "yo" y "no-yo".
Ya no soy un todo siendo uno con el Todo.
Ya la vida y yo no somos uno y lo mismo.
Somos "yo" y la vida, lo otro, lo que no soy "yo".
¿Qué es el "yo"?
El yo es la identificación de la conciencia original y sensible que emerge en el cuerpo-mente con la idea de que la vida, ya sea en mi o en los demás "debería" ser distinta de como es.
Identificación; "aquello con lo que se es idéntico".
Así identificado con esa idea, encorsetada en ella mi sensibilidad natural, siento indefectiblemente que la vida y "yo" no somos uno, no somos lo mismo.
El "yo" es pues, resistencia interior a lo que es.
Resistencia aprendida, sufrida, impuesta, importada y finalmente adoptada como el propio punto de vista de uno, como sustituto de mi sensibilidad única, de lo que esencialmente soy como ser irrepetible e insustituíble con mi forma única de sentir y ser.
El nacimiento del eterno condenado marca el final -aparente- de la dicha, el amor inocente y la compasión.
Es, por último, un manojo de instrucciones de "cómo debería sentir y ser" para entonces poder "llegar a ser" y así lograr ser aprobado, aceptado e incluído.
Es la expresión psicológica de la creencia o asunción de que necesito de la aceptación y el reconocimiento de los demás para poder ser lo que soy.
Sin la creencia en una tal necesidad interior toda barrera interna desaparece pues desaparece el "sensor", el controlador, la "autoridad o dictador interior", y junto con él desaparece también toda resistencia a la vida en su libre manifestación.
Se es entonces lo que se es, como sea que uno sea, en espontaneo relacionamiento con todo lo que es, sin tratar de entender ni cifrar ni encajonar en un rótulo profesional el insobornable misterio de ser.
Y junto con dicha resistencia la cuasi-eterna senación de aislamiento de la totalidad, de carencia, de temor y amenaza, de separación, conflicto, sufrimiento y confusión.
En su lugar, lo desconocido y nuevo, lo siempre-fresco e indefinible; la vida y su misterio, con su cualidad innominable, manifestándose única en cada ser, floreciendo en el misterio de su propia danza imprevisible, eterna e insobornable, desojando los pétalos vitales de su apariencia particular, dejando a su paso una estela de perfume y de luz, tan efímera como irrepetible en su marcha -aparente- por el tiempo.
En esta danza, en este silencio sin bordes ni cualidades ni límites ni centro, ¿dónde hay un "yo" en todo esto?
Hasta aquí la biografía; a partir de aquí, lo desconocido, el no-saber, el misterio...
Richard Mesones.
Usted ya es lo que está buscando.
Literalmente.
Usted ya es Eso, y jamás puede dejar de ser-lo.
Por ello es que toda búsqueda, sin ecepción, es un alejamiento.
Toda búsqueda, y tal vez más que ninguna la así llamada "búsqueda espiritual" (entienéndase realización, iluminación, liberación, salvación, etc).
No se puede buscar lo que se es, no se puede obtener o lograr.
Desearlo es concebirlo como un objeto separado de lo que uno es, existiendo sólo en la fantasía de un mañana que jamás llegará.
Lo que sea que uno busque externamente, lo hace porque uno supone, piensa o siente que al obtenerlo se sentirá bien, sereno, en paz, a gusto con y en la vida.
O sea que lo que uno verdaderamente busca no es en si el objeto o situación externa que por si mismo carece de sentido alguno, sino el estado interno que se supone que dicho objeto me aportará.
Cuando el deseo me sea concedido por el genio mágico de alguna extraña y misteriosa fórmula de realización aportada por el gurú, sacerdote, maestro, guía o cuentamusas de turno, "entonces me sentiré realizado".
O cuando saque la lotería o logre casarme con tal y cual o tener el auto o la casa o ser presidente del mundo o el más grande...; lo que sea, es todo lo mismo.
Jamás ha sido y jamás será.
Todo aquel que se acerque a usted sugiriéndole que le dará algo que usted no tiene o no es, es un explotador, un mercader del templo.
Y toda doctrina que pregone su insuficiencia interna es un contrato de explotación.
Usted ya es Eso, y jamás ha sido un "yo" separado de la Vida Una, de lo Absoluto.
Usted es lo Absoluto siendo usted!, la Vida siendo así, de ese modo único de ser.
Es lo infinito disfrutando de la apariencia de finitud "por un rato".
Antes de eso, el misterio del infinito océano de felicidad absoluta.
Después de eso, el mismo sumergirse y disolverse en la absoluta felicidad de la cual surgimos.
No hay nada que hacer, nada que ganar ni que perder.
Usted es lo que es por que es la Vida queriendo ser así, ser usted.
Sin más propósito que ese, ser.
Tan sólo se trata de disfrutar del viaje; estamos de paso.
Y el espectáculo es tan majestuoso como fascinante!
Y es sólo por un rato...
En comunión, en comunidad (común-unidad) usted no es un "yo" separado o distinto de la Vida fluyendo en extática manifestación.
Vivir en Paz es Ser-siendo-en-Común-Unidad.
Es darse cuenta que uno nunca ha sido ni será ese "yo" separado, aislado del fluir de la totalidad que "necesita" de tal o cual requisito para "volver" a ser uno con el todo.
Sin la identificación con esa supuesta necesidad, sin asumirla como la verdad de lo que soy, entonces ya no hay más separación, no hay más "yo" (nunca lo hubo!), hay sólo PAZ.
Y Paz es Comunidad.
No "busque" la "paz interior".
Indague en lo que cree que necesita para lograla, lo que se supone que le falta par ser Paz, y cuando vea por usted mismo la falsedad de dicho postulado, entonces, sin buscarla ni reconocerla, habrá paz, sin ningún "yo-carente-de-paz" que necesite de nada para dar con ella, sin nadie que la haya logrado.
En esa paz no hay "yo" alguno sintiéndose en paz; hay sólo paz.
Porque paz no es ausencia de perturbación; es ausencia de "yo".
Todos somos la manifestación de esa paz, cada ser es la encarnación de esa paz; es sólo que lo hemos olvidado...
Richard Mesones.
Usted ya es Eso, y jamás puede dejar de ser-lo.
Por ello es que toda búsqueda, sin ecepción, es un alejamiento.
Toda búsqueda, y tal vez más que ninguna la así llamada "búsqueda espiritual" (entienéndase realización, iluminación, liberación, salvación, etc).
No se puede buscar lo que se es, no se puede obtener o lograr.
Desearlo es concebirlo como un objeto separado de lo que uno es, existiendo sólo en la fantasía de un mañana que jamás llegará.
Lo que sea que uno busque externamente, lo hace porque uno supone, piensa o siente que al obtenerlo se sentirá bien, sereno, en paz, a gusto con y en la vida.
O sea que lo que uno verdaderamente busca no es en si el objeto o situación externa que por si mismo carece de sentido alguno, sino el estado interno que se supone que dicho objeto me aportará.
Cuando el deseo me sea concedido por el genio mágico de alguna extraña y misteriosa fórmula de realización aportada por el gurú, sacerdote, maestro, guía o cuentamusas de turno, "entonces me sentiré realizado".
O cuando saque la lotería o logre casarme con tal y cual o tener el auto o la casa o ser presidente del mundo o el más grande...; lo que sea, es todo lo mismo.
Jamás ha sido y jamás será.
Todo aquel que se acerque a usted sugiriéndole que le dará algo que usted no tiene o no es, es un explotador, un mercader del templo.
Y toda doctrina que pregone su insuficiencia interna es un contrato de explotación.
Usted ya es Eso, y jamás ha sido un "yo" separado de la Vida Una, de lo Absoluto.
Usted es lo Absoluto siendo usted!, la Vida siendo así, de ese modo único de ser.
Es lo infinito disfrutando de la apariencia de finitud "por un rato".
Antes de eso, el misterio del infinito océano de felicidad absoluta.
Después de eso, el mismo sumergirse y disolverse en la absoluta felicidad de la cual surgimos.
No hay nada que hacer, nada que ganar ni que perder.
Usted es lo que es por que es la Vida queriendo ser así, ser usted.
Sin más propósito que ese, ser.
Tan sólo se trata de disfrutar del viaje; estamos de paso.
Y el espectáculo es tan majestuoso como fascinante!
Y es sólo por un rato...
En comunión, en comunidad (común-unidad) usted no es un "yo" separado o distinto de la Vida fluyendo en extática manifestación.
Vivir en Paz es Ser-siendo-en-Común-Unidad.
Es darse cuenta que uno nunca ha sido ni será ese "yo" separado, aislado del fluir de la totalidad que "necesita" de tal o cual requisito para "volver" a ser uno con el todo.
Sin la identificación con esa supuesta necesidad, sin asumirla como la verdad de lo que soy, entonces ya no hay más separación, no hay más "yo" (nunca lo hubo!), hay sólo PAZ.
Y Paz es Comunidad.
No "busque" la "paz interior".
Indague en lo que cree que necesita para lograla, lo que se supone que le falta par ser Paz, y cuando vea por usted mismo la falsedad de dicho postulado, entonces, sin buscarla ni reconocerla, habrá paz, sin ningún "yo-carente-de-paz" que necesite de nada para dar con ella, sin nadie que la haya logrado.
En esa paz no hay "yo" alguno sintiéndose en paz; hay sólo paz.
Porque paz no es ausencia de perturbación; es ausencia de "yo".
Todos somos la manifestación de esa paz, cada ser es la encarnación de esa paz; es sólo que lo hemos olvidado...
Richard Mesones.
Usted no es "usted"; usted es lo Absoluto siendo usted...
Una situación es un acontecimiento externo al propio ser.
Ocurre no al ser, sino para el ser.
Un sentimiento es un acontecimiento interno en el propio flujo emocional.
Ocurre no al ser, sino en el ser; en la conciencia como espaciosidad o capacidad para darse cuenta de que momentáneamente se siente así.
Sin sentimientos conflictivos, sin conflictividad anímica en relación a cualquier situación dada, esta podrá ser por su misma naturaleza placentera o dolorosa, pero
jamás será un problema en si misma.
El sufrimiento en relación a cualquier situación, sin exepción, viene dado no por la situación misma sino por nuestro aferrarnos a determinados sentimientos en relación a dicha situación.
Si no, piense: sin los sentimientos con que habitualmente nos empantanamos mentalmente en algo que aconteció, ¿tendría esa situación por si misma algún significado especial o importancia para nosotros?
Si algo no tiene para mi ninguna carga emocional asociada, ¿significa algo para mi?
Liberación interior es liberar el flujo emocional que trae los sentimientos y que asimismo los disuelve en su propio fluir.
Aquello que ato me ata; aquello que libero me libera.
Buscar sentirse así o asá en relación a cualquier situación es resistir al fluir emocional.
Toda "búsqueda interior" es en si misma escape de lo que es, es resistencia.
Toda búsqueda es la búsqueda de un estado.
Es querer sentirme "sólo así".
Toda búsqueda es alejarse.
Ya sea a través del aferrarme a un sentimiento o idea de como "debería" sentirme, o rechazando diréctamente el como me siento; ya sea entregándome a la expresión compulsiva y repetitiva de un sentimiento o ya sea reprimiéndolo en el nombre del como "debería" sentirme, el resultado es siempre el mismo: la sensación interior de ser un "yo" separado, una entidad aislada del fluir de la vida, en conflicto constante con la misma, siempre teniendo que luchar o negociar para llegar a, para obtener un mendrugo o remedo de paz que sólo dura un segundo.
Cuando el fluir interior es liberado de toda prensión, uno se ve libre de toda demanda o conflicto emocional o interior frente a la vida.
Uno deja de ser "yo" separado, aislado del fluir de la Vida una, de la Unidad.
El sufrimiento no procede jamás de una situación dada, sino de nuestra resistencia al fluir interior que la refleja.
Sin resistencia al flujo de la vida, no hay más "yo", hay sólo la Vida.
La Vida una, la unidad, lo absoluto siendo...
Sin la idea de que debería ser/sentirme de otra manera, o de que la vida debería fluír en el sentido de tal o cual propósito; sin resistencia a la vida que es lo absuluto fluyendo, manifestándose, ya no hay ni sufrimiento ni una identidad separada de lo absoluto, de la vida, de la unidad.
"Usted" no es; usted es en realidad lo Absoluto siendo usted.
Entonces, Esto es ESO.
Y descubrimos que siempre hemos estado en casa...
R
Ocurre no al ser, sino para el ser.
Un sentimiento es un acontecimiento interno en el propio flujo emocional.
Ocurre no al ser, sino en el ser; en la conciencia como espaciosidad o capacidad para darse cuenta de que momentáneamente se siente así.
Sin sentimientos conflictivos, sin conflictividad anímica en relación a cualquier situación dada, esta podrá ser por su misma naturaleza placentera o dolorosa, pero
jamás será un problema en si misma.
El sufrimiento en relación a cualquier situación, sin exepción, viene dado no por la situación misma sino por nuestro aferrarnos a determinados sentimientos en relación a dicha situación.
Si no, piense: sin los sentimientos con que habitualmente nos empantanamos mentalmente en algo que aconteció, ¿tendría esa situación por si misma algún significado especial o importancia para nosotros?
Si algo no tiene para mi ninguna carga emocional asociada, ¿significa algo para mi?
Liberación interior es liberar el flujo emocional que trae los sentimientos y que asimismo los disuelve en su propio fluir.
Aquello que ato me ata; aquello que libero me libera.
Buscar sentirse así o asá en relación a cualquier situación es resistir al fluir emocional.
Toda "búsqueda interior" es en si misma escape de lo que es, es resistencia.
Toda búsqueda es la búsqueda de un estado.
Es querer sentirme "sólo así".
Toda búsqueda es alejarse.
Ya sea a través del aferrarme a un sentimiento o idea de como "debería" sentirme, o rechazando diréctamente el como me siento; ya sea entregándome a la expresión compulsiva y repetitiva de un sentimiento o ya sea reprimiéndolo en el nombre del como "debería" sentirme, el resultado es siempre el mismo: la sensación interior de ser un "yo" separado, una entidad aislada del fluir de la vida, en conflicto constante con la misma, siempre teniendo que luchar o negociar para llegar a, para obtener un mendrugo o remedo de paz que sólo dura un segundo.
Cuando el fluir interior es liberado de toda prensión, uno se ve libre de toda demanda o conflicto emocional o interior frente a la vida.
Uno deja de ser "yo" separado, aislado del fluir de la Vida una, de la Unidad.
El sufrimiento no procede jamás de una situación dada, sino de nuestra resistencia al fluir interior que la refleja.
Sin resistencia al flujo de la vida, no hay más "yo", hay sólo la Vida.
La Vida una, la unidad, lo absoluto siendo...
Sin la idea de que debería ser/sentirme de otra manera, o de que la vida debería fluír en el sentido de tal o cual propósito; sin resistencia a la vida que es lo absuluto fluyendo, manifestándose, ya no hay ni sufrimiento ni una identidad separada de lo absoluto, de la vida, de la unidad.
"Usted" no es; usted es en realidad lo Absoluto siendo usted.
Entonces, Esto es ESO.
Y descubrimos que siempre hemos estado en casa...
R
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