Ver es liberarse.
Ver el error como tal nos libera de errar.
Ver que es un error.
Ver que lo que creíamos válido, verdadero, real, sano, no lo es,
¡eso es lo que nos libera de asumirlo como válido, sano o verdadero!
No es necesario alcalzar ninguna "solución" o "comprensión".
Tan sòlo ver que lo que creímos como vàlido, que lo que asumimos como verdadero, real, no lo es; ver que ese asumirlo como veradero cuando no lo es es lo que está generando el problema.
Entonces el problema se ha disuelto en el mismo intante en que nuestra mente se liberó de asumir dicha falsedad como una verdad,¡por el simple hecho de ver que era una falsedad!
Cuando lo que nos falsificaba ha sido descartado, aquello que queda, eso es lo que se es en verdad, en realidad, nuestra naturaleza original, indescriptible, en comunión con la esencia misma de la vida.
Richard Mesones.
Ver que es un error.
Ver que lo que creíamos válido, verdadero, real, sano, no lo es,
¡eso es lo que nos libera de asumirlo como válido, sano o verdadero!
No es necesario alcalzar ninguna "solución" o "comprensión".
Tan sòlo ver que lo que creímos como vàlido, que lo que asumimos como verdadero, real, no lo es; ver que ese asumirlo como veradero cuando no lo es es lo que está generando el problema.
Entonces el problema se ha disuelto en el mismo intante en que nuestra mente se liberó de asumir dicha falsedad como una verdad,¡por el simple hecho de ver que era una falsedad!
Cuando lo que nos falsificaba ha sido descartado, aquello que queda, eso es lo que se es en verdad, en realidad, nuestra naturaleza original, indescriptible, en comunión con la esencia misma de la vida.
Richard Mesones.
Tratar de “entender”...
Querer entender-saber-anticipar el fluir, que es la manifestación del misterio de la vida, es lo que nos “separa” de él, es la resistencia con la cual dejamos de ser-en-comunión con-en el misterio.
Así es como nos “convertimos” a nuestros propios ojos en un supuesto “yo” en “el mundo”, aparentemente separado del fluir del todo, contraído, con ese inherente sentido de carencia, de in-completitud, de inseguridad, y de constante necesidad.
Tratamos de entender el misterio de la vida en vez de vivirlo.
Este “separarnos”, esta resistencia a ser-en-comunión-sin-definirnos es la raíz misma del conflicto, la lucha , la confusión y el sufrimiento.
Querer entender el misterio de la vida nos deja enredados en lo entendible-descriptible, a saber: sus cambiantes apariencias, sus temporales y efímeras manifestaciones.
¡¿Quién dijo que la vida era para ser entendida?!
Sólo lo aparente, la manifestación efímera de lo inmanifiesto, es descriptible.
Sólo lo que uno no es puede ser entendido-conocido-descrito.
Lo que no es un objeto, no puede ser descrito-conocido objetivamente.
Aquello que la conciencia resiste, queda presa de ello;
aquello con lo que la conciencia entra en comunión, va más allá de ello.
Somos el misterio de la vida tomando conciencia de si mismo.
Sin tratar de entender dicho misterio no hay mas separación; comenzamos a sentirnos uno con y en él.
Comenzamos a vivir-ser en comunión, en unidad, con la esencia misma de la vida.
Siendo sin “conocer” eso que somos..., siendo en lo indescriptible y formando “parte” de ello...
Richard Mesones.
Así es como nos “convertimos” a nuestros propios ojos en un supuesto “yo” en “el mundo”, aparentemente separado del fluir del todo, contraído, con ese inherente sentido de carencia, de in-completitud, de inseguridad, y de constante necesidad.
Tratamos de entender el misterio de la vida en vez de vivirlo.
Este “separarnos”, esta resistencia a ser-en-comunión-sin-definirnos es la raíz misma del conflicto, la lucha , la confusión y el sufrimiento.
Querer entender el misterio de la vida nos deja enredados en lo entendible-descriptible, a saber: sus cambiantes apariencias, sus temporales y efímeras manifestaciones.
¡¿Quién dijo que la vida era para ser entendida?!
Sólo lo aparente, la manifestación efímera de lo inmanifiesto, es descriptible.
Sólo lo que uno no es puede ser entendido-conocido-descrito.
Lo que no es un objeto, no puede ser descrito-conocido objetivamente.
Aquello que la conciencia resiste, queda presa de ello;
aquello con lo que la conciencia entra en comunión, va más allá de ello.
Somos el misterio de la vida tomando conciencia de si mismo.
Sin tratar de entender dicho misterio no hay mas separación; comenzamos a sentirnos uno con y en él.
Comenzamos a vivir-ser en comunión, en unidad, con la esencia misma de la vida.
Siendo sin “conocer” eso que somos..., siendo en lo indescriptible y formando “parte” de ello...
Richard Mesones.
¿QUÉ ES LIBERACIÓN INTERIOR?
La liberación interior es el resultado natural de la puesta en función del discernimiento a través de la auto-indagación, discernimiento que es inteligencia, sensibilidad natural y original, y que nos permite saber-sentir cuando algo es verdadero y sano en nosotros y cuando no lo es, sino que es adquirido, ajeno a nuestro ser, y por tanto, como toda auto-imposición, genera conflicto interior, tensión, limitando la plena expresión del ser.
Esto es lo que nosotros sentimos como carencia, falta de completitud, de poder ser un todo, de poder ser plenamente lo que somos. Así condicionados, con nuestras auto-asumidas ideas limitantes, comenzamos a vivir a disgusto con como “somos” y con nuestro entorno, el cual se convierte en el campo de batalla en el cual tenemos que esforzarnos para lograr “llegar a ser”.
Es el fin del ser-siendo-en-comunión-con-y-en-la-vida.
Y es el comienzo del dolor psicológico, de la lucha por devenir, de la negación del ser y el nacimiento del largo reinado del sufrimiento y la carencia.
El temor y el deseo, la ira y la duda, la ansiedad, la tristeza, la angustia y toda forma de dolor emocional pasan a ser nuestra “normal” condición de existir.
Todo este dolor emocional es auto-infringido y no es otra cosa que el resultado de asumir por hechos ciertos lo que son tan sólo pensamientos o creencias no indagadas, condiciones mentales que nosotros mismos nos imponemos, limitaciones a nuestra naturaleza real ilimitada, a nuestro ser real, nuestra conciencia ilimitada, serena y jubilosa de ser.
La sensibilidad original es aquella que aflora nítidamente al permitirnos sentir sin un referencial creado por el pensamiento, el conocimiento, la experiencia, la memoria, el pasado, el prejuicio, el dogma ni ninguna forma de autoritarismo interior.
Esta sensibilidad natural de nuestro sentir es nuestro salvoconducto a la claridad, a una vida de integridad y a una mente sana, inocente, libre de toda confusión y conflicto.
Esta sensibilidad original, natural, viva, es de instante en instante, nuestra verdadera identidad.
Afortunadamente, lo que no nos es propio, lo que no es valedero para nosotros por no ser verdad en nosotros, lo que nos imponemos como si fuese verdad para nuestro ser pero que no lo es, eso siempre nos genera y nos generará incomodidad, tensión interior, disgusto, insatisfacción, desencanto, pesar, dolor, hastío, aislamiento y un profundo sentido de futilidad, de sufrimiento y confusión, de conflicto y sin-sentido.
Estas son las alarmas de la inteligencia, distintas formas de malestar emocional que nos llaman a investigar, a indagar en nosotros para poder discernir qué es aquello que no siendo verdad en nuestro ser, lo hemos asumido como válido, falseándonos, traicionándonos, haciéndonos mal-estar en nuestra propia vida, extranjerizándonos en nuestra propia tierra, exiliándonos de nuestro propio corazón y sentido de ser.
Ver eso como un error es lo que nos libera del errar.
Ver lo falso como tal nos libera de asumirlo como algo verdadero nuestro.
Sentir sin disimulo ni distorsión alguna, sin etiquetarlo como bueno o malo o nada, sin el más mínimo movimiento del pensamiento, sentir con total claridad el sufrimiento, el malestar que un pensamiento limitante con el cual nos habíamos identificado nos causa es-en-si la liberación , es el fin de la identificación con dicho pensamiento o condición limitante generadora de sufrimiento.
Ver con absoluta claridad (sin asumir que tal o cual cosa es buena o verdadera para uno) el malestar que una creencia nos causa, no sólo termina con nuestra asociación interna o identificación con ello sino con el deseo o la voluntad de acercarnos a ello o tomarlo por cierto o bueno para nosotros.
Así nos encontramos “nuevamente” en casa, en nuestro verdadero ser, nuestra integralidad natural.
Nuestra integridad es nuestro único “pasaje” a lo real, al “regreso” a nuestra naturalidad sin límites, a nuestro ser original, libre de toda limitación y condicionamiento, más allá de toda descripción, de todo el devenir y la temporalidad.
Richard Mesones.
Esto es lo que nosotros sentimos como carencia, falta de completitud, de poder ser un todo, de poder ser plenamente lo que somos. Así condicionados, con nuestras auto-asumidas ideas limitantes, comenzamos a vivir a disgusto con como “somos” y con nuestro entorno, el cual se convierte en el campo de batalla en el cual tenemos que esforzarnos para lograr “llegar a ser”.
Es el fin del ser-siendo-en-comunión-con-y-en-la-vida.
Y es el comienzo del dolor psicológico, de la lucha por devenir, de la negación del ser y el nacimiento del largo reinado del sufrimiento y la carencia.
El temor y el deseo, la ira y la duda, la ansiedad, la tristeza, la angustia y toda forma de dolor emocional pasan a ser nuestra “normal” condición de existir.
Todo este dolor emocional es auto-infringido y no es otra cosa que el resultado de asumir por hechos ciertos lo que son tan sólo pensamientos o creencias no indagadas, condiciones mentales que nosotros mismos nos imponemos, limitaciones a nuestra naturaleza real ilimitada, a nuestro ser real, nuestra conciencia ilimitada, serena y jubilosa de ser.
La sensibilidad original es aquella que aflora nítidamente al permitirnos sentir sin un referencial creado por el pensamiento, el conocimiento, la experiencia, la memoria, el pasado, el prejuicio, el dogma ni ninguna forma de autoritarismo interior.
Esta sensibilidad natural de nuestro sentir es nuestro salvoconducto a la claridad, a una vida de integridad y a una mente sana, inocente, libre de toda confusión y conflicto.
Esta sensibilidad original, natural, viva, es de instante en instante, nuestra verdadera identidad.
Afortunadamente, lo que no nos es propio, lo que no es valedero para nosotros por no ser verdad en nosotros, lo que nos imponemos como si fuese verdad para nuestro ser pero que no lo es, eso siempre nos genera y nos generará incomodidad, tensión interior, disgusto, insatisfacción, desencanto, pesar, dolor, hastío, aislamiento y un profundo sentido de futilidad, de sufrimiento y confusión, de conflicto y sin-sentido.
Estas son las alarmas de la inteligencia, distintas formas de malestar emocional que nos llaman a investigar, a indagar en nosotros para poder discernir qué es aquello que no siendo verdad en nuestro ser, lo hemos asumido como válido, falseándonos, traicionándonos, haciéndonos mal-estar en nuestra propia vida, extranjerizándonos en nuestra propia tierra, exiliándonos de nuestro propio corazón y sentido de ser.
Ver eso como un error es lo que nos libera del errar.
Ver lo falso como tal nos libera de asumirlo como algo verdadero nuestro.
Sentir sin disimulo ni distorsión alguna, sin etiquetarlo como bueno o malo o nada, sin el más mínimo movimiento del pensamiento, sentir con total claridad el sufrimiento, el malestar que un pensamiento limitante con el cual nos habíamos identificado nos causa es-en-si la liberación , es el fin de la identificación con dicho pensamiento o condición limitante generadora de sufrimiento.
Ver con absoluta claridad (sin asumir que tal o cual cosa es buena o verdadera para uno) el malestar que una creencia nos causa, no sólo termina con nuestra asociación interna o identificación con ello sino con el deseo o la voluntad de acercarnos a ello o tomarlo por cierto o bueno para nosotros.
Así nos encontramos “nuevamente” en casa, en nuestro verdadero ser, nuestra integralidad natural.
Nuestra integridad es nuestro único “pasaje” a lo real, al “regreso” a nuestra naturalidad sin límites, a nuestro ser original, libre de toda limitación y condicionamiento, más allá de toda descripción, de todo el devenir y la temporalidad.
Richard Mesones.
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